¿Has oído hablar alguna vez de la teoría de las ventanas rotas?
En los años 90 Nueva York era un auténtico caos.
Las calles estaban sucias y la delincuencia por las nubes.
Entonces…
Rudy Giuliani fue elegido alcalde y nombró jefe de policía a William Bratton.
Todo el mundo esperaba un contraataque policial masivo contra la delincuencia.
Que la policía saldría a la calle a detener a todo el mundo.
Pero no es lo que ocurrió.
Hicieron algo que nadie se esperaba.
Empezaron por limpiar el metro.
Cada vagón con grafitis se retiraba inmediatamente del servicio y se limpiaba.
Arreglaban las ventanas rotas, limpiaban todos los trenes, cuidaban hasta el último detalle.
Y la gente le criticó.
Dijeron…
«Hay asesinatos cada noche y vosotros preocupados por la limpieza de la ciudad».
Giuliani sabía algo sobre la psicología humana que casi nadie sabía: la teoría de las ventanas rotas.
Una sola ventana rota que nadie repara, envía un mensaje muy claro.
Le dice a todo el mundo, aquí nadie manda.
Aquí el nivel de exigencia es bajo.
Lo toleramos todo.
Tienes permiso para hacer lo que quieras.
Pero cuando lo arreglas todo, la gente piensa: «Aquí parece que la regla es no romper ventanas, no ensuciar ni tirar papeles al suelo».
Todos tenemos ventanas rotas en nuestra vida.
La cama sin hacer, los platos acumulados en el fregadero, la ropa tirada en el suelo…
…pequeñas cosas que están enviando un mensaje a tu cerebro.
Aquí el estándar es bajo, un poco más de ropa en el suelo no cambiará gran cosa.
Pero…
¿Qué ocurre cuando cambias esa señal?
Después de limpiar el metro y aplicar esta filosofía, la delincuencia en Nueva York cayó un 56% convirtiéndose en una de las mayores transformaciones urbanas de la historia de los Estados Unidos.
Porque todo empieza con los pequeños detalles.
Cuando elevas el estándar en las cosas pequeñas, lo acabas elevando también en las grandes.
Dicho esto…
¿Qué señales crees que mandas cuando envías regalos corporativos de mierda?


