Una pregunta…
¿Últimamente, tu mayor dosis de aventura consiste en ir al baño sin llevarte el móvil?
Tengo malas noticias para tí: has caído en la rutina
No es culpa tuya.
Nos pasa a todos. Los seres humanos tenemos una tendencia natural a la rutina.
Eso ocurre porque tu cerebro, el mío y el de tu primo de Parla están programados para ahorrar energía.
Adora ahorrar energía y por tanto, adora los atajos.
Cuantas menos decisiones tenga que tomar menos energía gasta.
El problema de caer en esa rutina tan cómoda, tan predecible y tan «eficiente», es que acabará anestesiándote…
…y dejas de cuestionarte si existe una manera mejor de hacer las cosas. Y sin darte cuenta confundes la costumbre con la única opción posible.
Cuanto más ordenada está tu jornada, más domesticado está tu cerebro.
Ya no exploras.
Ya no experimentas.
Ya no pruebas nada distinto.
La creatividad no nace del todo bajo control.
Nace del desorden.
Del error.
Del «¿y si lo hago de otra manera?».
Tampoco se trata de convertirte en un hippie de la improvisación, basta con introducir pequeños cambios en tu rutina.
Ve al trabajo por un camino distinto.
Lee un libro que jamás comprarías por iniciativa propia.
Habla con alguien con el que nunca hablarías.
Haz algo que rompa el guión aunque te parezca una tontería.
Porque cada pequeña incomodidad obliga a tu cerebro a despertar.
Ahora piensa en tus clientes.
Ellos también viven atrapados en sus rutinas.
En sus automatismos.
Compran las mismas cosas de siempre, a los mismos proveedores de siempre.
Ignoran otras opciones.
Entonces,
Si quieres dejar huella necesitas romper ese patrón.
Y eso es lo que hacemos nosotros.
Incentivos corporativos de alta gama que rompen el piloto automático, despiertan curiosidad y consiguen que dejen de verte como uno más.


