En 1989 se lió parda en la plaza de Tiananmén.
Para resolver las protestas contra el Partido Comunista, el Gobierno chino decidió sacar al ejército a las calles.
Lo que nadie esperaba es que un oficinista que salía de hacer la compra en Mercadona fuera a ponerse en medio.
Durante unos minutos, tanque y hombre se desafiaron cual duelo en O. K. Corral.
Dos pasos a la izquierda.
Dos pasos a la derecha.
Un desconocido con hummus y queso fresco batido 0 % estaba frenando una columna de tanques T-59 cargados con un cañón de 100 mm y una ametralladora cada uno.
Al final fue detenido por la policía, pero la foto dio la vuelta al mundo y se convirtió en el símbolo de la protesta.
Hasta tal punto que la revista Time incluyó a Tank Man en la lista de las cien personas más influyentes del siglo XX.
Y por qué te cuento esto…
Me encantan las pequeñas historias porque, bien contadas, causan un punch emocional inmediato y muy útil para generar una respuesta.
Son cortas. Directas. Enganchan.
Además, son cómodas de leer. No tienes que esperar a las vacaciones ni dejar de hacer nada para leerlas.
Son fáciles de consumir y muy emocionales.
Droga para el cerebro.
Una gran herramienta de persuasión; quizás la más potente, ¿o no?
¿Se te ocurre alguna otra cosa que cause una respuesta emocional inmediata?
Una pista…
No es un bolígrafo plástico, ni una taza, ni un llavero.


